
La campimetría automatizada evalúa cuánto percibe una persona alrededor del punto que mantiene fijo. Es una prueba no invasiva, pero exige atención y puede requerir aprendizaje.
Durante el estudio
Se examina un ojo a la vez. El paciente apoya frente y barbilla, mira el objetivo central y pulsa un botón cuando identifica una luz. No debe buscar las luces con los ojos ni adivinar: algunos estímulos son intencionalmente demasiado tenues.
La graduación para la distancia de prueba, posición, párpados y tamaño de pupila pueden influir. El equipo registra pérdidas de fijación y patrones de respuestas falsas, pero esos índices deben interpretarse junto con la apariencia del mapa.
¿Por qué puede repetirse?
Fatiga, ansiedad, mala comprensión o un defecto inesperado pueden hacer necesaria otra prueba. En glaucoma interesa comparar varias campimetrías confiables para distinguir variabilidad de progresión real.
Descansar, parpadear con normalidad y avisar si se pierde la fijación ayuda a obtener un resultado útil. El estudio no es un examen que se “apruebe” o “repruebe”; describe una parte de la función visual.