
El foróptero contiene lentes de distintas potencias que se colocan sucesivamente frente a los ojos. Durante la refracción subjetiva, el paciente compara opciones —por ejemplo, “¿mejor con uno o con dos?”— hasta encontrar la combinación que proporciona visión clara y confortable.
Sirve para afinar la corrección de miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia. La respuesta se combina con mediciones objetivas como retinoscopía o autorrefracción y con la agudeza visual.
La cifra obtenida no debe convertirse automáticamente en una receta. El profesional considera edad, síntomas, uso previsto, equilibrio binocular, acomodación, lentes anteriores y salud ocular. Una visión que no mejora como se espera puede indicar catarata, enfermedad de retina, córnea o nervio óptico.
En niños y en algunas situaciones clínicas puede ser necesaria refracción con cicloplegia, porque el enfoque activo puede ocultar parte de la graduación.
El foróptero es una herramienta de medición; una evaluación visual completa incluye además historia clínica y exploración ocular.